El mercado laboral antes de las elecciones: balance y retos inminentes
- Los datos del INE registran la mayor subida del paro en un tercer trimestre desde la pandemia y el menor aumento de la ocupación desde 2019
- La población activa ha aumentado en 2,3 millones de personas desde el tercer trimestre de 2019. La población ocupada lo ha hecho en 3 millones
- El ensanchamiento del mercado laboral se ha producido principalmente por la población extranjera o con doble nacionalidad
- El acceso de los jóvenes, la necesidad de que el empleo ofrezca un proyecto vital, el progreso empresarial y una mirada a largo plazo, retos pendientes según InfoJobs
El desempleo se situó en 2.591.200 personas al cierre del tercer trimestre del año, según los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) publicada hoy por el INE. En comparación con el trimestre anterior, el paro ha aumentado en 95.900 personas (+3,8 %), el mayor incremento desde la pandemia. Por su parte, la variación interanual es del -0,9 %. Es decir, hay 21.900 desempleados menos que hace un año. La tasa de paro es del 10,2 %, lo que implica volver a rebasar la barrera del doble dígito tras el 9,9 % del segundo trimestre.
Por lo que se refiere a la población activa, los 25.443.800 registrados durante el tercer trimestre reflejan la continuidad en máximos, con un crecimiento interanual del 1,8 % (443.500 activos más). En cuanto a la ocupación, al cierre del tercer trimestre había 22.852.600 personas trabajando en España, lo que supone un incremento de 73.600 (+0,3 %) con respecto al anterior —el menor aumento en siete años— y de 465.500 (+2,1 %) en relación con el mismo periodo del año pasado.
La evolución del mercado laboral durante el último tramo del año estará marcada, como toda la agenda socioeconómica, por la convocatoria electoral del próximo 29 de noviembre, un hito que invita a hacer un balance de lo que han sido las dos últimas legislaturas en relación con el empleo.
2,3 millones de personas más en el mercado laboral
Han pasado justo siete años desde las elecciones del 10 de noviembre de 2019 que condujeron al Gobierno de coalición que, con diferentes formulaciones, se ha mantenido durante estas dos últimas legislaturas. La EPA del tercer trimestre de aquel año reflejaba que en España había 23,1 millones de personas trabajando o en disposición de hacerlo, una cifra que ha escalado hasta los 25,4 millones. Esto significa que la población activa se ha incrementado en más de 2,3 millones en estos siete años, un incremento del 10 %.
Este aumento responde prácticamente de forma íntegra a la inmigración: la población activa española ha aumentado desde el tercer trimestre de 2019 en apenas 43.800 personas, mientras que la extranjera lo ha hecho en casi 1,5 millones y quienes tienen doble nacionalidad son ahora 840.500 más que entonces.
En este tiempo, la población ocupada se ha incrementado incluso en mayor proporción, ya que ha pasado de 19,9 millones de personas trabajando en el tercer trimestre de 2019 a 22,9 millones siete años después, con el mismo patrón en relación con el origen: los españoles representaban el 84 % del total entonces y son el 77 % en la actualidad; mientras que los extranjeros han pasado del 12 % al 17 % y quienes tienen doble nacionalidad han duplicado su peso (del 3 % al 7 %).
Y si, como se ha visto, en términos absolutos ha aumentado más la ocupación que la población activa eso implica un descenso en el ratio del desempleo: el 10,2 % que, como se ha indicado al principio, es la tasa de paro registrada en el tercer trimestre de 2026, supone un descenso de 3,7 puntos en relación con el 13,9 % en que estaba en el mismo periodo de 2019.
Una de las cuestiones claves de este periodo en material laboral ha sido la reforma laboral de 2022, que ha provocado una sustancial reducción del peso de la contratación temporal. En el segundo trimestre de 2019, un 23 % de los ocupados eran asalariados con contrato temporal; en el primer trimestre de 2022, el último antes de la plena aplicación de la nueva normativa, se situaba en el 21 %; los datos publicados hoy por el INE cifra el porcentaje de ocupados que tienen un contrato temporal en el 13 %. Se trata de la misma cifra que en los dos años anteriores, lo que apunta a que la tendencia ha tocado suelo.
La reforma laboral también ha impulsado una modalidad contractual hasta entonces casi residual: el contrato fijo discontinuo, que se contabiliza como indefinido. Si en 2019 solo un 1 % de los contratos iniciales que se firmaban correspondían a esta tipología, en lo que va de 2026 ese porcentaje se ha situado en el 14 %. En cifras absolutas, entre enero y septiembre de este año el SEPE ha registrado más de 1,6 millones de contratos fijos discontinuos, multiplicando por ocho los poco más de 200.000 que hubo en todo el año 2019. La falta de información estadística sobre los periodos de inactividad de quienes se encuentran en esta situación impide conocer en detalle cuánto trabajan en realidad.
El subempleo, que el INE define como «el conjunto de ocupados que desea trabajar más horas, que está disponible para hacerlo» y que no alcanza a hacerlo en la misma medida que sus compañeros/as a tiempo completo, se ha mantenido relativamente estable en estos siete años (a excepción del incremento que se registró durante la pandemia): en el tercer trimestre de 2026 afecta a 1.583.00 trabajadores/as, 75.000 menos que en el mismo periodo de 2019. Eso significa que el aumento de la población activa y de la ocupada no ha generado más subempleo.
El panorama del mercado laboral, sin embargo, presenta algunos retos relevantes para quien obtenga el apoyo electoral necesario para formar Gobierno después de las elecciones. Mónica Pérez, directora de comunicación, estudios y relaciones institucionales de InfoJobs, apunta cuatro claves: «Hay que alinear la formación y abrir puertas para el acceso de los jóvenes al empleo. El trabajo tiene que permitir vivir, progresar y tener estabilidad, frenando la pobreza laboral y mejorando la retribución y las condiciones laborales. Todo ello tiene que ser compatible con el progreso empresarial: mejora de la productividad, freno del absentismo y la rotación. Y, por último, una mirada a largo plazo: gestionar el talento sénior, el relevo generacional, y abordar la transformación tecnológica y demográfica, porque el empleo del mañana se decide con las competencias, el talento y las decisiones de hoy».
