Barcelona 2 de septiembre de 2016.- La campaña turística de este verano está siendo excepcionalmente buena. Pero ni siquiera gracias a eso se ha conseguido que los datos del paro registrado del mes de agosto, un mes históricamente malo para el empleo, sean positivos. El mercado laboral perdió el mes pasado 144.997 afiliados en comparación con el mes de julio mientras que el paro registrado subió en 14.435 personas, según los datos publicados hoy por el Ministerio de Empleo. Pero si retrocedemos a hace un año, la comparación es bien distinta: en este tiempo se han ganado 519.096 afiliados y el paro ha bajado en 370.459 personas
 
La pregunta es qué podemos esperar a partir de ahora. La positiva evolución de la economía y el empleo en los últimos tres años genera una inercia que ni siquiera la incertidumbre política ha podido frenar. Al menos hasta ahora. Pero los problemas no desaparecen porque se les deje de intentar poner remedio. Y en el mercado laboral español hay varios: temporalidad, bajos salarios, parcialidad, desprotección de los autónomos… 
 
El acuerdo alcanzado entre PP y Ciudadanos afrontaba algunos de ellos, como la propuesta para reducir a tres los tipos de contratos, una profunda reforma del régimen de autónomos y la introducción de la llamada “mochila austríaca”, una especie de ahorro para el despido o la jubilación del trabajador en el que las empresas son las encargadas de ir haciendo aportaciones. Fuera del acuerdo quedaron cuestiones como la subida del salario mínimo interprofesional o una reforma laboral más profunda. 
 
En cualquier caso, de poco vale analizar en profundidad cada medida laboral de este acuerdo que compromete a las “formaciones firmantes una vez que el Congreso de los Diputados otorgue su confianza al candidato en la próxima sesión de investidura”. Es decir: o entra en vigor hoy, algo que en este momento parece muy improbable, o ya no lo hará. 
 
La inactividad política no es inocua: hay muchos frentes en los que se hace necesario actuar y el del empleo es uno de ellos. Sus problemas no son irresolubles, pero tampoco se van a solucionar solos: la acción legislativa es necesaria para garantizar que la tendencia positiva continúa y que se sientan unas buenas bases para el futuro.