Barcelona, 28 de julio de 2016.-  Los datos de la Encuesta de Población Activa conocidos hoy dejan la tasa de paro en el 20%, el nivel más bajo desde finales de 2010. Pero hay signos de desaceleración en la creación de empleo que conviene tener presentes para afrontar las mejoras que el mercado laboral necesita. 
 
Si se observa al detalle los datos por sectores de actividad se obtienen algunas pistas relevantes sobre las necesidades que hay que afrontar. En la industria se ha registrado en el último año un descenso de la ocupación del 0,35%, mientras que en la construcción la caída ha sido del 1,43%. Por contra, la ocupación ha subido en los servicios el 3,25% y en la agricultura el 2,67%.
 
Con todo, el sector más importante, con mucha diferencia, es el de los servicios, en el que trabajan más de las tres cuartas partes de los ocupados españoles (el 76,31%). En este segmento se incluyen muchas ramas de actividad de todo tipo, pero en el que no se puede obviar el peso de la actividad turística, cuya excesiva estacionalidad desincentiva la formación y profesionalización de los trabajadores de campaña empleados, tan necesaria para fijar el puesto de trabajo. 
 
En la industria, el sector que le sigue en número de ocupados, el problema no es tanto la formación laboral, mucho más cercana al día a día de la actividad tras décadas de mejoras progresivas en la FP, como la carencia de nuevos proyectos. Su principal virtud en términos de empleo es la estabilidad y el potencial de crecimiento, pero necesita apostar por un tejido nuevo, capaz de construir nuevos focos industriales, e innovador, para aprovechar las oportunidades que el comercio global ofrece. 
 
La construcción es un sector imprescindible, pero con el que hay que ser especialmente cuidadosos si es que hemos aprendido alguna lección: estabilizar y crecer en términos de ocupación, mejorar las condiciones laborales para incentivar las carreras a largo plazo y no caer en una segunda fiebre del ladrillo son tres de los objetivos hay que marcarse. 
 
Por último, la agricultura, la gran olvidada cuando se analizan los datos de empleo en España cuando, territorialmente, es el sector más importante, por cuanto que es la que fija la población en las áreas rurales. En este caso, sin embargo, el margen de maniobra de las políticas públicas es muy limitado: la UE es quien pone los límites y las prioridades en la actividad agrícola. 
 
Los cuatro sectores necesitan afrontar mejoras específicas. Si aspiramos a un mercado laboral estable, diverso y capaz de competir hay que sentar las bases, consciente e intencionadamente, en esta fase de la recuperación. Es ahora cuando hay que fijarse los objetivos para saber hacia dónde dirigirse.